El Mercado de Triana, el de Russafa o el de San Blas en Madrid destilan carácter y cercanía. Observa manos veteranas cortar embutido, escucha acentos diversos y pregunta recetas sencillas. Compra raciones pequeñas para probar variedad sin cargar. Lleva recipiente ligero para evitar plásticos y disfruta un desayuno de cuchara en una barra popular. Un puesto bien frecuentado vale más que mil reseñas anónimas. Te irás con sabores vivos y una anécdota amable del vendedor.
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